Resultado ejercicio Gimnasio Literario de hoy

¿Quieres que te cuente un secreto?

tazarotaaa

Rosia fue por la tarde a ver a su hermano desganada. Era un tipo empalagoso, un mentiroso retorcido que seguramente le contaría sus batallas ganadas de siempre. Rico insistió mucho. Rosia pensó que lo suyo era sólo una necesidad imperiosa de llenar sus tardes empozadas de rutina. “¡De verdad! Esto no te lo he contado nunca. Nos vamos haciendo mayores y no es para tratarlo en la distancia, créeme”, le insistió Rico por teléfono.

El autobús parecía más lento que de costumbre, con paradas que no reconocía aquella tarde. Tiró jugueteando con los dedos del deshilache de la tela de lona del asiento de delante y recordó Rosia el mismo gesto, suave y firme de su padre, y ese cariñoso canturreo que volvía una y otra vez, ahora provocándole un nudo que se le enroscaba en el estómago y le subía hasta la garganta. Esa música la seguía desvelando por las noches, porque la escuchaba y era real, procedente de la habitación de al lado. Suerte que el viejo estaba ya a punto de morir y ella dejaría pronto de ser su cuidadora. Rico también se hacía mayor, muy mayor, demasiado solo. Pero qué le querría decir el loco de Rico. Ella sí que podría sorprenderlo. “¿Tú quieres que te cuente un secreto, Rico? ¿Quieres que te cuente una historia que no te atreverás a repetir?”, pensaba ella, despertándose repentinamente con un fuerte frenazo del bus.

Rico la esperaba sentado en el banco de siempre, con las arrugas más surcadas que el mes anterior. Aquella tarde no le contaría ninguna historieta. Él los vio. Tantas veces. Era joven, se le ponía dura tan fácilmente y tenía muy claro que no quería dejar de tener aquel canal en abierto gratuito cada madrugada. Nunca fue capaz después de excitarse con ninguna otra mujer. Ni con ningún hombre. Aquella tarde se había propuesto decir también verdades. Llevaría a Rosia a su casa para invitarla a café, como tantas otras tardes. Pero esta vez no la dejaría escapar.

“¿Sabes quién es la mujer de mi vida?”, le dijo mientras ella le dio el último sorbo al café cargado de somníferos.

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