Elena Hernández

El yugo perenne, I

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“Dije que te amé, pero mentí, mentí: al poco tiempo de tu muerte, llegaron otros pensamientos sin mi resistencia voluntaria, hasta que Lo otro, Aquello, Tú que fuiste, cayó en el olvido, y el olvido es un vacío. Sólo volví a ser consciente de mi olvido un día, no recuerdo si un miércoles o un sábado, al entrar en la casa que fue nuestra, cuando sentí la misma emoción que la primera de muchas que se habían repetido durante años, hacía ya diez o quince.
Caí aplastado por esta exactitud en el sofá, y nos recordé por unos días, durante unos instantes de esos días, en los que viví otra vez.”

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