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Septiembre, mes de nostalgia

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Elena Hernández, Impresiones

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La entrada a gran parte de los museos londinenses es gratuita, y se pueden hacer fotografías.
¿Confianza o finanzas? Dentro del museo puedes comer, y por un razonable precio: 25- 30 Libras para 3-4 personas.
Estímulos para quedarse, ¿no? Dicen que los regentes ingleses optaron por permitir la entrada libre para que así la cultura llegara al pueblo.
En fin, el caso es que esto se hace. El caso es que la cultura de buena parte del mundo llega a todos, en forma de ilustraciones, jarritas de terracota fascinantes esculturas griegas y romanas, (para mí, lo primero que busco y en cuyas salas puedo estar horas, sin importarme las momias, los dioses latinoamericacanos, ni la cultura china)
El caso es que el negocio está, está extendido, es un modo de ganarte la vida: crear tu pequeño negocio, sacarle partido a la vida: mirad cómo lo han hecho con Shakespeare, cosa que me encanta.

Y rendundando en el tema,durante mi paseo por Cambridge, vi cosas que llamaron mi atención:

Las iglesia de Sant Marie, también en Cambridge: me resultó chocante que a la entrada hubiera nada menos que una tienda con libretas, pulseras, almanaques, etc : coqueterías para universitarios;  unos  cuatro metros de la pared frontal constituyen un mural publicitario de todos los colores. Y a la izquierda otro chaval, encargado de recoger el ticket que hemos adquirido en la tiendecita para subir a la torre y apreciar la monumental Cambridge desde las alturas.

Y el paseo en barca por Cam, desarrollado por un grupo de chavales, de entre unos 18-24 años que lo controlaban. Primero nos conquistó un hombre ya mayor, ante las puertas cerradas del King´s College, nos ofreció un paseo on board.
Pagamos
Nos llevó a la manager, una jovencita que nos anotó.
Después fuimos guiados por otro chaval rubio, espigado, y muy sonriente, que bajo la estela de su cartel nos guió hasta el embarcadero.
Allí, había una pizarrita que notificaba que para los paseos en barca había que acercarse al King’s College ( en Faro, Portugal, si queréis dar un paseo por la famosa costa sureña, esperad a llegar a los embarcaderos, los precios son mucho más asequibles)
El chaval dio su lista de los pasajeros a otra chica, una segunda manager. Estábamos agrupados según número de miembros por grupo. Nos comunicó,siempre sonriente y relajado, que éramos de su grupo, que confiáramos en él,y que los botes tenían asignado a su guía.
La manager del embarcadero nos llamaría por el número de miembros del grupo.

Esperamos unos 30 minutos, al cabo de los cuales me acerqué para decirles,a él y a la manager que yo no sabía que tenía que esperar tanto tiempo
Los dos, simultáneamente, miraron al río, vieron un bote y dijeron:
– Ohh, it´s for you, ladie.
En cuanto el bote se acercó al embarcadero, el chaval, con una sonrisa encantadora, me señaló el asiento de popa, y me dijo:
– Ladie, is the best seat for you, lovely for you,- Mientras me ayudaba a entrar en el bote
Y otro rubio, elocuente, relajado y fornido Adonis fue mi gondolero

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