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De hojas y frutos – poema

Resultado del ejercicio espontáneo sobre el poema “Un anciano” de Konstantínos Kaváfis realizado en el gimnasio literario “Las tardes de Atenea” el día 11 oct. 2016 

De hojas y frutos

Son los folios y las hojas

plegadas de los libros

los que acogen la mirada ya cansada

de la niña arrepentida.

El arrepentimiento activo,

si verdadero,

supone siempre

esa mirada hacia atrás

el repaso de los errores

la reparación de los daños,

irreparables.

El pasado, dicen, atrás se queda

armazón surrealista

de un futuro que tambalea

olvidado en un vitral borroso,

en blanco y negro.

La niña arrepentida

mira los frutos sobre la mesa y sonríe.

Uno dulce, dulce

lleno de un delicioso jugo desconocido

y otro de fina piel, exótico

y expuesto a la vida.

Pero los frutos tampoco duran para siempre

Son atrapados por otras bocas

hambrientas de presente y vida.

Los frutos están allí y la niña arrepentida

sabe que no puede protegerlos

después de la cosecha.

 

Cristina Miranda

11/10/2016

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Tal día como hoy, hace 77 años, moría el poeta Antonio Machado

Poeta, dramaturgo y personaje emblemático de la Generación del 98, Antonio Cipriano José María Machado machadoRuiz nació en Sevilla el día 26 de julio de 1875. En 1907 obtuvo la cátedra de Francés en Soria y después de dar clases en Baeza y Segovia, llegó a Madrid en 1932. Durante la Guerra Civil participó en varias publicaciones republicanas y era contrario a la idea de abandonar el país. Sin embargo, en 1939 marcha a Barcelona, desde donde cruza los Pirineos hasta Colliure. En este pequeño pueblo  de mar al sureste francés llegó el poeta el día 28 de enero, junto a su madre y a su hermano José. Se instalaron en un hotel, el Bougnol-Quintana, en el cual muere el poeta el día 22 de febrero, después de días de agonía. “Adiós madre”, fueron sus últimas palabras. Su madre se moriría 3 días después. Su último verso, encontrado por su hermano José en el bolsillo de su chaqueta fue “Estos días azules y este sol de la infancia”. Dejo aquí el poema “Otro viaje” de su emblemático libro, Campos de Castilla, publicado en 1912:

Ya en los campos de Jaén
amanece. Corre el tren
por los brillantes rieles,
devorando matorrales,
alcaceles,
terraplenes, pedregales,
olivares, caseríos,
praderas y cardizales,
montes y valles sombríos.
Tras la turbia ventanilla,
pasa la devanadera
del campo de primavera.
La luz en el techo brilla
de mi vagón de tercera.
Entre nubarrones blancos,
oro y grana,
la niebla de la mañana
huyendo por los barrancos.
¡Este insomne sueño mío!
¡Este frío
de un amanecer en vela!…
Resonante,
jadeante,
marcha el tren. El campo vuela.
Enfrente de mí, un señor
sobre su manta dormido;
un fraile y un cazador
—el perro a sus pies tendido—.
Yo contemplo mi equipaje,
mi viejo saco de cuero;
y recuerdo otro viaje
hacia las tierras del Duero.
Otro viaje de ayer
por la tierra castellana,
¡pinos del amanecer
entre Almazán y Quintana!
¡Y alegría
de un viajar en compañía!
¡Y la unión
que ha roto la muerte un día!
¡Mano fría
que aprietas mi corazón!
Tren: camina, silba, humea,
acarrea
tu ejército de vagones,
ajetrea
maletas y corazones.
Soledad,
sequedad.
Tan pobre me estoy quedando,
que ya ni siquiera estoy
conmigo, ni sé si voy
conmigo a solas viajando.

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