Elena Hernández

El yugo perenne II

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Hacía cosas extrañas los domingos por la tarde, como pintarse despacio toda la cara, parándose, por ejemplo, en la línea de los ojos, conteniendo la respiración para dibujar un trazo constante y seguro, y luego por los labios apretando la barra y hundiéndola despacio, para pasar después, a brochazos, un paño seco, áspero, sin agua, ni aceites ni cremas, mientras pequeños surcos de sangre iban abriendo su piel.

Aquí ahora miro por mi ventana. Hay un campanario, más bien chico, pero sencillo. Entiendo mejor esto, entiendo que una iglesia pequeña pueda ser la necesaria para un hombre, para cualquier hombre que pueble esta tierra, pero no la abadía de Westminster o la Catedral de San Pablo. Entiendo que el duque de Wellington y Ricardo III y la Queen Isabel II rezaran después en las capillas más íntimas y pequeñas aun que esta iglesia.
Pero a mí ahora y aquí nadie hay para verme ni a quien yo pueda ver. Tengo esta cama de madera y un colchón blando. Tengo esta bacinilla en la que cago y meo según los horarios a los que por fin he acostumbrado a mis esfínteres, justo al amanecer, que es cuando lo limpian.
Tengo una mesa pequeña, coja de su pata trasera derecha, y tal parece que el árbol del que se cortó su madera sigue envejeciendo dentro de ella.
Y nada más tengo. Ah bueno, sí, tengo esta ventana, pero solo puedo ver lo más alto del pueblo: el campanario. Por cierto, esta iglesia anda con el reloj atrasado.
No puedo ver a los niños, ni a los agricultores, ni a ninguna mujer bonita, pero puedo oírles. Escucho a los niños cuando salen del colegio y cuando van, menos, a los hombres del campo con las bestias o con los animales, y huelo los perfumes de las mujeres.
Tania no utilizaba perfumes. Solo uno creo, uno que olía como a incienso. Se lo dije, tiró el frasco por la ventana, se colocó las manos en los bolsillos y me preguntó por qué no te gusta mi perfume por qué no te gusta mi perfume por qué no te gusta mi perfume.

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cine, Noticias

¡Silencio!, rueda Scorsese

 

El próximo 30 de diciembre el Silencio llega a las salas de cine españolas. El de Martin Scorsese, que ha presentado el primer adelanto de su esperado drama religioso protagonizado por Andrew Garfield, Adam Driver y Liam Neeson.

Un tráiler que además podrá verse antes de la película Aliados en la gran pantalla debido a que comparte productora con Silencio, y que la propia Paramount Pictures ha compartido a través de su perfil de Twitter junto a la siguiente cita extraída del filme: “Rezo pero estoy perdido. ¿Acaso estoy rezando solo al silencio?”.

Una frase imbuida de la soledad y el cuestionamiento de la propia fe, que estarán muy presentes en esta adaptación de la obra literaria de Shusaku Endo llevada a cabo por el oscarizado director de Queens.

Basada en la figura histórica del misionero Giuseppe Chiara, Silencio relata la aventura de un jesuita brasileño que llega al Japón del siglo XVII en misión para intentar introducir el cristianismo en el país. Allí se tendrá que enfrentar a la persecución que viven los cristianos, que se ven obligados a vivir bajo tierra hasta la Rebelión Shimabara.

Liam Neeson, actor nominado al Oscar por La lista de Schindler, interpreta a un misionero portugués perseguido y torturado en el Japón feudal. Andrew Garfield (La red social, The Amazing Spiderman) y Adam Driver (Star Wars Episodio VII: El despertar de la fuerza, Girls) interpretan a dos jóvenes jesuitas que viajan a Japón en busca de su mentor.

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Elena Hernández

El yugo perenne, I

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“Dije que te amé, pero mentí, mentí: al poco tiempo de tu muerte, llegaron otros pensamientos sin mi resistencia voluntaria, hasta que Lo otro, Aquello, Tú que fuiste, cayó en el olvido, y el olvido es un vacío. Sólo volví a ser consciente de mi olvido un día, no recuerdo si un miércoles o un sábado, al entrar en la casa que fue nuestra, cuando sentí la misma emoción que la primera de muchas que se habían repetido durante años, hacía ya diez o quince.
Caí aplastado por esta exactitud en el sofá, y nos recordé por unos días, durante unos instantes de esos días, en los que viví otra vez.”

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Noticias

Lorca en viñetas

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Tras La huella de Lorca y La araña del olvido, el cómic vuelve a acordarse de Federico García Lorca con Lorca. Un poeta en Nueva York, la obra de Carles Esquembre donde recupera ese año crucial para la vida del poeta granadino en el que el Harlem o Wall Street de los años 20 se convirtieron en verso.

 Huyendo de la ruptura sentimental con el escultor Emilio Aladrén, sufriendo el rechazo de sus amigos Dalí y Buñuel y acusado de ser un poeta popular tras la publicación de su Romancero Gitano, así llegó en 1929 García Lorca a Nueva York, un viaje que aunque tenía como objetivo que aprendiera inglés, dio como resultado el poemario más dramático y definitivo del granadino.

Pero Esquembre no quiso “caer en la trampa” de reproducir estos poemas en viñetas, sino que acudió al epistolario de Andrew A. Anderson, así como a los textos de Ian Gibson, entre otros autores, para reconstruir en sus viñetas esta etapa llena de algunos de los pasos más importantes que García Lorca dio entre 1929 a 1930 en este país: “La idea era contextualizar y poner en ambiente las cosas que le pasan a Lorca en Nueva York”, explica Esquembre.

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literatura, Noticias

“La broma infinita” cumple los 20

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Veinte años no son nada para “La broma infinita”, la atemporal, transgresora y celebrada novela del desaparecido David Foster Wallace, “buque insignia” de la editorial Random House, que ahora la relanza para conmemorar el vigésimo aniversario de su publicación.

“Tan trascendental y eléctricamente viva” como cuando vio la luz, sigue, según el diario “The New York Times”, esta extensa novela. Creativo y atormentado a partes iguales, Foster Wallace (Nueva York, 1962), que padecía depresión crónica y estaba considerado como uno de los mejores escritores de su generación, se quitó la vida en 2008, y su esposa lo encontró ahorcado en su casa de California. Dos décadas después, acabar “La broma infinita” sigue siendo un reto para lectores de todo el mundo pero, como escribió el crítico Sven Birkets, merece la pena llegar hasta sus últimas líneas porque quienes lo hagan saborearán el “raro privilegio” de contemplar el universo “iluminado por un torrente de luz negra”.

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El primer libro de Foster Wallace traducido en España fue la colección de cuentos La niña del pelo raro. Llegó en el 2000. Luego aparecieron las colecciones de artículos periodísticos Algo supuestamente divertido que no volveré a hacer y Hablemos de langostas que no le hicieron apearse de su particular manera de ver la vida, al tiempo que le granjearon un mayor número de fans. Los seguidores del escritor denominados fantods aullantes son legión. Foster Wallace puede ser complejo y a ratos ilegible, pero cuenta con una importante comunidad lectora y ha sido un foco de influencia para los jóvenes escritores dentro y fuera de los Estados Unidos. En España, sin ir más lejos, es el santo patrón de la Generación Nocilla.

Con un cierto retraso llegó la traducción de La broma infinita, 2002, 1.200 páginas, Everest de su trayectoria y la responsable por su rareza de su popularidad mediática, desconocida en un escritor experimental. El rey pálido fue un intento de superar en mucho aquella proeza, pero las constantes depresiones y la lucha contra el efecto de la medicación que abandonó en ocasiones porque anulaba su creatividad, se lo impidieron. La novela es asimismo la punta de lanza de ese duelo morboso que rodea la muerte temprana de un escritor, acrecentada por el dramatismo de haber sido por propia mano.

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Cristina Miranda, literatura, Poesía, Resultado ejercicio Gimnasio Literario de hoy, Sin categoría

De hojas y frutos – poema

Resultado del ejercicio espontáneo sobre el poema “Un anciano” de Konstantínos Kaváfis realizado en el gimnasio literario “Las tardes de Atenea” el día 11 oct. 2016 

De hojas y frutos

Son los folios y las hojas

plegadas de los libros

los que acogen la mirada ya cansada

de la niña arrepentida.

El arrepentimiento activo,

si verdadero,

supone siempre

esa mirada hacia atrás

el repaso de los errores

la reparación de los daños,

irreparables.

El pasado, dicen, atrás se queda

armazón surrealista

de un futuro que tambalea

olvidado en un vitral borroso,

en blanco y negro.

La niña arrepentida

mira los frutos sobre la mesa y sonríe.

Uno dulce, dulce

lleno de un delicioso jugo desconocido

y otro de fina piel, exótico

y expuesto a la vida.

Pero los frutos tampoco duran para siempre

Son atrapados por otras bocas

hambrientas de presente y vida.

Los frutos están allí y la niña arrepentida

sabe que no puede protegerlos

después de la cosecha.

 

Cristina Miranda

11/10/2016

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ARTE

El ‘arte degenerado’ según Hitler

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Los trabajos de derribo de una casa de madera situada en la región alemana de Mecklemburgo-Pomerania Occidental (noreste del país) permitieron descubrir varias cartas hasta ahora desconocidas de los dos marchantes de arte más famosos de la época nazi, según ha informado el diario Schweriner Volkszeitung.

Datadas en los años 40, las misivas encontradas fueron escritas por Hildebrand Gurlitt y tenían a Bernhard A. Böhmer como destinatario. “Las cartas proporcionan, entre otras cosas, información sobre el comercio de obras que los nacionalsocialistas consideraban ‘arte degenerado’”, señaló Volker Probst, de la Fundación Ernst-Barlach, en declaraciones al periódico germano.

Las epístolas estaban guardadas en sacos que fueron encontrados bajo la terraza de la vivienda de madera en la que se inició la demolición. El nombre de Gurlitt saltó a la fama a finales de 2013 cuando trascendió que un anciano, de nombre Cornelius, atesoraba en su casa un conjunto artístico compuesto por más de 1.250 obras de pintores como Picasso, Renoir o Monet.

El hombre había heredado la colección de su padre, Hilderbrand Gurlitt, un marchante de arte al que el régimen nazi de Adolf Hitler encargó apropiarse del llamado “arte denegerado” (aquel que contravenía los principios del nacionalsocialismo) y de confiscar pinturas a familias judías.

Poner a la vista el deterioro del arte desde 1910

El 19 de julio de 1937, a unos pocos metros de la Primera Gran Exposición de Arte Alemán, en el edificio donde había funcionado el Instituto de Arqueología se inauguró Arte Degenerado. La intención de la muestra no guardaba ambivalencia alguna; se proponía poner a la vista “el deterioro del arte desde 1910”. Unos días más tarde, la revista Der SA.-Mann lo informada de este modo: “los conservadores de todos los museos públicos y privados y los encargados de las colecciones particulares están deshaciéndose de los más espeluznantes frutos de una humanidad degenerada y de una generación patológica de ‘artistas’”. En efecto, la exposición reunió unas 650 obras de arte moderno incautadas de 32 museos alemanes. Una comisión dirigida por el pintor Adolf Ziegler  –presidente de la Cámara de Cultura del Reich– había confiscado más de 5000 obras de arte procedentes de colecciones públicas y privadas (las cifras que dan los distintos autores varían y llegan a 20.000 obras incautadas). La exposición de 1937, propulsada por el ministro de Propaganda Joseph Goebbels, mostraba parte del patrimonio que había sido puesto a disposición de la censura oficial.

Arte Degenerado viajó de Munich a otras doce ciudades entre 1937 y 1941, y alcanzó más de tres millones de visitantes. Bajo esa denominación cayeron los movimientos de vanguardia que tuvieron lugar entre fines del siglo xix y la década de 1920 en diversas ciudades europeas: impresionismo, expresionismo, dadá, surrealismo, nueva objetividad, cubismo o fauvismo.

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El 19 de julio de 1937, a unos pocos metros de la Primera Gran Exposición de Arte Alemán, en el edificio donde había funcionado el Instituto de Arqueología se inauguró Arte Degenerado. La intención de la muestra no guardaba ambivalencia alguna; se proponía poner a la vista “el deterioro del arte desde 1910”. Unos días más tarde, la revista Der SA.-Mann lo informada de este modo: “los conservadores de todos los museos públicos y privados y los encargados de las colecciones particulares están deshaciéndose de los más espeluznantes frutos de una humanidad degenerada y de una generación patológica de ‘artistas’”. En efecto, la exposición reunió unas 650 obras de arte moderno incautadas de 32 museos alemanes. Una comisión dirigida por el pintor Adolf Ziegler  –presidente de la Cámara de Cultura del Reich– había confiscado más de 5000 obras de arte procedentes de colecciones públicas y privadas (las cifras que dan los distintos autores varían y llegan a 20.000 obras incautadas). La exposición de 1937, propulsada por el ministro de Propaganda Joseph Goebbels, mostraba parte del patrimonio que había sido puesto a disposición de la censura oficial.

Arte Degenerado viajó de Munich a otras doce ciudades entre 1937 y 1941, y alcanzó más de tres millones de visitantes. Bajo esa denominación cayeron los movimientos de vanguardia que tuvieron lugar entre fines del siglo xix y la década de 1920 en diversas ciudades europeas: impresionismo, expresionismo, dadá, surrealismo, nueva objetividad, cubismo o fauvismo.

Con espíritu aleccionador, la exposición buscaba demostrar al público la “decadencia” de esas producciones. Sobre las paredes se combinaron las obras de vanguardia con fotografías tomadas a personas lisiadas y dibujos realizados por “enfermos mentales”. Esas comparaciones visuales subrayaban el supuesto carácter “enfermo”, “judío-bolchevique” e “inferior” de esas obras, que se exhibían en tanto evidencia de una decadencia cultural asociada al régimen político alemán anterior al nacionalsocialismo, la República de Weimar. Pero a la vez, esas pinturas y esculturas se mostraban como amenaza de una suerte de transmisión viral de esa decadencia en caso de que no se tomaran acciones concretas.

Con espíritu aleccionador, la exposición buscaba demostrar al público la “decadencia” de esas producciones. Sobre las paredes se combinaron las obras de vanguardia con fotografías tomadas a personas lisiadas y dibujos realizados por “enfermos mentales”. Esas comparaciones visuales subrayaban el supuesto carácter “enfermo”, “judío-bolchevique” e “inferior” de esas obras, que se exhibían en tanto evidencia de una decadencia cultural asociada al régimen político alemán anterior al nacionalsocialismo, la República de Weimar. Pero a la vez, esas pinturas y esculturas se mostraban como amenaza de una suerte de transmisión viral de esa decadencia en caso de que no se tomaran acciones concretas.

Una obra de Otto Dix resulta ilustrativa de la interpretación que el nazismo hizo de las vanguardias alemanas en particular y de las representaciones artísticas en general. Lisiados de guerra (1920) representaba en clave caricaturesca a cuatro veteranos de guerra, cuyos cuerpos parecen entre tullidos y maquinales, caminando en fila por la calle con sus respectivos uniformes y prótesis.

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